Desmadrada

Un libro de Manuel Moraga

DESMADRADA

 por Gabriel Díaz Morales

 Desmadrada, un entrecruce literario que confunde el “Yo existencial del autor”, con su “Yo literario”, un encuentro poético y transgresor de la experiencia de vida y la tragedia griega, de la literatura homosexual y la poesía maldita.

     “llevo conmigo las calles

que manché de cicatrices cada lunes

llevo una maleta repleta de disfraces,

atorada de angustias, sobrecargada de llanto

inútil…” (Herencias, en Desmadrada, p.21, Moraga, Manuel)

 El difícil arte de hacer poesías, pone en entredicho la calidad del poeta, más tejedor de sueños metafóricos, que artista, más artista que hombre, más hombre que doloroso delirio de angustias solapadas, tras la breve sonrisa del día a día, más furioso que la bestia que contempla, lleno de temor, el cuerpo de la madre a los pies del cazador, con mayor desmadre que la ausencia materna, con más desmadre, que el gran “cagazo” de la farra veinteañera.

 Así lentamente, se comienza a desmarañar el libro del escritor y poeta local Manuel Moraga Vidal, que parte haciendo una restroespectiva a sus propias traiciones, a las del consigo mismo, enfocadas en la ausencia de ese otro, de besos de traición. La autonegación del “Yo”, la necesidad de “limpiar ese hombre que habita”, da paso al reconocimiento de dolores íntimos, provocados por aquel juvenil-traidor, “animal que aparente inocencia”(op. cit), con un juego de espacios y épocas, que parecen confundir la razón del atento lector; sólo el autor logra hilvanar la secuencia real de los hechos, en capítulos que van desde el hoy al ayer, pero que no aparentan visualizar el mañana. 

Moraga Vidal, nos habla de la llegada, de quien finalmente ya se ha ido, trae al presente angustiosos recuerdos, de los momentos previos a la grandes hecatombes, de aquel corazón más amante que amado, dejando entrever lo que podríamos denominar, como la crónica de un corazón destrozado…anunciado.

 

El juego con el tiempo reloj, entremezclado con los magos que dominan o manejan las llaves del inconciente silenciado, aflora en cada uno de sus poemas, la auto culpación, no es el otro quien esta antes, el que espera silencioso y mudo, es él quien llega tarde, es él, el no esperado, el que se conforma con no encontrarlo, sin consultarse si el otro alguna vez llegó, asume la culpa del atraso, no la desdicha de una ausencia, prefiere la indignación, frente al desaire.

 La compleja autoestima, emana como vertiente de orgullo e ira, me culpo pero te odio, reflejado en una proyección amante-sociedad, yo, tú, el y nosotros, todos enmarañados en una psicopatía literaria, en un abanico de homicidios ple-planificados, pre-escritos, y pre-frustrados, que reiteran el juego de la proyección de tus culpas en mi, te quiero matar, sin embargo prefiero morir, descansar, no bajo la tumba, mejor sobre ella, recostado junto al nicho del desmadre, recostado junto al árbol del campo santo, observado por la infancia, detenido en el tiempo.

 Un libro poético, para enamorados del desamor, para leer en todo momento, pero de preferencia en noches de tormenta y soledad, sentado en alguna esquina solitaria de Puerto Montt, sin pudores, sin búsquedas sutiles, las cosas por su nombre, Desmadrada, es un entrecruce literario que confunde el “Yo existencial del autor”, con su “Yo literario”, un encuentro poético y trasgresor de la experiencia de vida y la tragedia griega, de la literatura homosexual y la poesía maldita.

 

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